Entre esperanza y desconfianza, el campo francés busca un respiro

¿Es una tregua para tomar aliento? ¿O es el fin de sus reivindicaciones? Nadie es capaz de responder a esas preguntas, pese a que los responsables de dos de los principales sindicatos agrícolas han llamado a levantar los bloqueos...

Cortes carreteras Francia tractores 30 (Foto FNSEA FBRRSS)

"Mi mujer me dice que vuelva, que ya son muchos días fuera", bromea Paul, cerealista de Saboya, en el este de Francia, que durante diez días ha participado en las manifestaciones y bloqueos de los agricultores en protesta por sus condiciones de vida y que ahora se tomará un respiro.

¿Es una tregua para tomar aliento? ¿O es el fin de sus reivindicaciones? Nadie es capaz de responder a esas preguntas, pese a que los responsables de dos de los principales sindicatos agrícolas han llamado a levantar los bloqueos, los primeros de los cuales, en el sur del país, cumplen ya dos semanas.

La intervención hoy del primer ministro, Gabriel Attal, que ha dado más concesiones a las reivindicaciones agrícolas, sumada al cansancio de las movilizaciones parecen haber aplacado el fervor de los campesinos franceses.

En sus palabras persiste la desconfianza, porque como repiten "son palabras de políticos", pero también hay esperanza en que el movimiento haya conseguido avances que llevan años reclamando.

Mientras los principales líderes sindicales hacen un llamamiento a levantar los bloqueos de autopistas, los agricultores sobre el terreno prefieren hablar de "tregua".

"Hasta que no estén firmados los papeles no nos movemos de aquí, porque no lo tenemos claro", asegura Damien Greffin, el vicepresidente de la FNSEA, principal sindicato agrícola del país, micrófono en mano sobre un improvisado escenario en uno de los puntos de bloqueo de la capital, en la autopista A6 al sur de París.

Sus palabras son escuchadas con una mezcla de satisfacción y alivio por un centenar de agricultores que han levantado un pequeño campamento sobre el asfalto que, poco a poco, se van resignando a levantar.

"Puede ser que nos vayamos ya, o mañana por la mañana o el fin de semana", asegura Tatiana Dewulf, que dirige la sección de Jóvenes Agricultores, segunda organización agraria del país, en una pequeña comarca del departamento de Loiret, al sur de París.

No todos los sindicatos han recibido con la misma indulgencia las palabras de Attal. Es el caso de la Coordinación Rural, que aunque no es mayoritario, ha sido el más combativo durante la protestas, protagonizando algunas de las acciones más espectaculares, como el derramamiento de purín y el incendio de neumáticos en la delegación del Gobierno en Agen, en el sur.

Sus siglas figuraban también en los chalecos de los 91 militantes que este miércoles fueron arrestados cuando entraron en el mercado de abastos de Rungis, el mayor de Europa, pese a la prohibición expresa de hacerlo que había hecho el ministro del Interior, Gérald Darmanin.

"Ya saben de lo que somos capaces"

Uno de ellos fue Whitman Maxence, ganadero de la región de París que, aunque pasó varias horas en un calabozo policial no oculta que se siente "orgulloso" de su acción.

"Ahora ya saben de los que somos capaces", afirma el granjero que otorga un gran valor simbólico a haber sido capaces de entrar en el mercado de abastos, considerada una línea roja por el Ejecutivo.

Maxence señala que si han sido capaces de llevar diez tractores hasta Rungis "también se pueden llevar cientos", una carta que se guardan bajo la manga si finalmente el Gobierno no cumple con todo lo que se ha comprometido.

Mientras tanto, su compañero Fréderic Ferrand sostiene que es momento de tomar aliento y fuerzas, porque son ya muchos días sobre las carreteras francesas.

"Se han conseguido algunas cosas, pero es cierto que otras necesitan tiempo para ponerse en marcha (...) Y la gente tiene labor en el campo, tienen que volver", asegura este pequeño empresario de la agricultura que, afirma, ha dejado a un grupo de empleados al frente de su explotación durante los últimos días.

Otro colega que prefiere no dar su nombre reconoce que "los tractores no están pensados para dormir en ellos", para ejemplificar el sacrificio que supone mantener esta protesta, más aún en invierno.

Un vecino ha cuidado de la explotación de Guillaume Perdereau en el Loiret, mientras él y su hermano se han manifestado al volante de sus dos tractores durante los últimos días.

Con la prudencia por bandera, este joven agricultor sin adscripción sindical cree que "si todas las promesas y compromisos se cumplen habrá sido una buena protesta", asegura.

Dewulf coincide en que se pueden dar por satisfechos, aunque lamenta que "haya que venir en tractor hasta París y cortar los principales accesos a la capital" para obtener respuestas a sus demandas.

Esta joven agricultora biológica lamenta que los políticos "desconozcan la realidad del terreno" y asegura que "cuando nunca se ha puesto un pie en una granja no se saben los problemas que tienen".